Like Father Like Son

parte de una premisa
oportuna y sabidamente fructífera, pero la desarrolla bajo los
parámetros sutiles e intimistas de su director. Se refiere al intercambio
de dos bebés al nacer, de manera que cada uno crece con la que no es
su familia biológica. Tal revelación ocurre tempranamente en el metraje,
aunque no sin antes presenciar cómo es la vida de una de esas dos
familias, viendo cómo es la relación entre los dos padres y su hijo. Y lo cierto es que su
naturaleza afectiva y cariñosa nos muestra una unión clara entre ellos, lo cual sienta ya el
dilema sobre el que se desarrolla todo el argumento: si vale más la línea sanguínea o el
tiempo en que se ha visto crecer a un niño como si fuera propio. Las familias intentan resolver
el asunto de la forma más civilizada y gradual posible y asistimos, poco a poco, a las distintas
derivaciones morales y respuestas prácticas que plantea dicha premisa, sin estridencias ni
giros inesperados, dando el espacio y el tiempo necesarios para que las relaciones entre los
personajes se fortalezcan y afloren en su verdadero significado, aunque engañosamente
pueda parecer que el metraje se alarga y que no siempre se están aportando datos relevantes
Es raro que Hirokazu Kore-eda hable de una sola cosa, o mejor dicho, que aborde un tema
sin establecer varias lecturas. Este filme no es una excepción. La película reflexiona sobre la
paternidad, sobre la importancia de la genética en comparación con la educación y el afecto.
Qué define la relación entre padres e hij@s. Sobre los errores, que también se heredan. Pero
también habla sobre diferencia de clases, sobre filosofía de vida, sobre el posicionamiento
habitual de los japoneses hacia la competitividad y el trabajo. Y lo hace con una sensibilidad
exquisita que golpea con la pregunta de un niño, con la mirada culpable de un padre, con el
dolor de una madre. Plantea un problema a sabiendas de que es irresoluble, al menos no de
un modo plenamente satisfactorio, y obliga a todos sus personajes a andar todo el camino
necesario para que lleguen a esa conclusión: todas las soluciones son malas.
La cadencia apacible y serena de la película se ve reforzada por una planificación técnica
elegante, sin abusar del primer plano ni de la cámara en movimiento; y por una banda sonora
dominada por suaves acordes de piano, entre los que destaca la utilización en tres momentos
clave de las variaciones de Goldberg compuestas por Bach, detalle que demuestra la
confianza del director en el efecto artístico de su película antes que cierto capricho o falta de
originalidad. Tanto ello como la armoniosa combinación de risas y lágrimas de la trama nos
tocan en cualquier caso la fibra sensible, e igualmente redondean la sabia delicadeza del filme.
Hirokazu Koreeda hace patente una vez más que es un cineasta con una capacidad tan
sensible como madurada para combinar su herencia de anteriores maestros asiáticos con
aspectos de su propia vida y de la de sus otros seres queridos y admirados.

 

Dirección: Hirokazu Kore-eda

Guión: Hirokazu Kore-eda

IntérpretesMasaharu Fukuyama, Yôko Maki, Jun Kunimura, Machiko Ono, Lily Franky Montaje: Hirokazu Koreeda

Fotografía: Mikiya Takimoto

Nacionalidad: Japón

Año: 2013

Género: Drama

Duración: 120 m

 Viernes 8 de Noviembre (17,30 h y 20,15 h)

Premio Internacional del Jurado Festival de Cannes 2013
Premio del Público Festival de San Sebastián 2013

 

 

JAPÓN
Etimológicamente el nombre significa “el origen del sol”, por ello es conocido comúnmente
como el “país del sol naciente”. Con 377.800 km2 (España 505.988 km2) y más de 3.000 islas,
es el décimo país más poblado, con 126 millones de habitantes y una densidad de 337
habitantes por Km2. El área del Gran Tokio es la mayor área metropolitana del mundo, con
más de 30 millones de habitantes. Ocupa el tercer puesto en el PIB nominal internacional y
posee una renta per cápita de 39.000 $. Su deuda pública es una de las más elevadas del
Globo (un 200% del PIB), aunque está financiada en su gran mayoría por inversores nipones.
Su índice de desarrollo humano (IDH) es de los más altos (9 sobre 10 aproximadamente).
Presenta la tercera menor mortalidad infantil del mundo y las mujeres japonesas tienen la
segunda mayor esperanza de vida del planeta. La capacidad militar japonesa está limitada por
el artículo 9 de su Constitución, en virtud del cual renuncia a su “derecho” a declarar la guerra
o a utilizar la fuerza militar como medio de resolver controversias internacionales, si bien en las
últimas décadas el Partido Liberal Democrático, de carácter conservador y hegemónico en la
vida política, continúa intentando modificar el citado precepto constitucional con el fin de
expandir sus capacidades y funciones militares y homologarse a cualquier otra fuerza armada.
Hay un antes y un después del 11 de marzo de 2011 en Japón. Con un balance aproximado
de 300.000 millones de dólares de pérdidas, 12.000 víctimas y más de 16.000 desaparecidos,
el terremoto de magnitud inusitada (nueve en la escala de Richtler) que se produjo en la región
del nordeste de Honshu, la isla principal del archipiélago, y el tsunami que siguió provocaron
en Fukushima (ciudad situada a 250 kilómetros de Tokio) una de las mayores catástrofes
nucleares de la historia, generando primero una contaminación radiactiva del aire, luego de las
capas freáticas y por último de las aguas marinas de la zona, problema que sigue vivo ya que
continúa acumulándose una enorme cantidad de agua altamente radiactiva en los sótanos de
los reactores (400 toneladas diarias), que se filtra a los acuíferos y al mar. Esta catástrofe
provocó una gran movilización en la población japonesa. La Cruz Roja se organizó con
extrema rapidez y movilizó masivamente voluntarios y fondos. La capacidad de resistencia de
las construcciones de la región a los seísmos, al igual que el sentido cívico y una cultura
encaminada a la prevención de catástrofes, provocaron la admiración internacional. No
obstante, la presencia de 16 centrales nucleares, de las 53 existentes en el país, en una línea
estrecha de costa, densamente poblada y con grave riesgo sísmico, colmó la paciencia de una
parte importante de la población, que logró movilizarse y forzar al gobierno a decretar una
parada nuclear total el mismo año del terremoto, parón que ha vuelto a producirse este año en
el mes de septiembre. La crisis nuclear también ha revelado la estrecha conexión entre la
burocracia dirigente japonesa y los sectores industriales y financieros. El abuso de la
subcontratación, los fallos en los controles de calidad y la ocultación de errores en el
mantenimiento de las instalaciones son algunos de los males del lobby nuclear nipón. El
director operativo de Greenpeace Japón ha comentado al respecto: “…Tras el terremoto y el
tsunami, la tragedia continúa para los que siguen sufriendo los efectos de la contaminación
radioactiva producida por la triple fusión nuclear que se ocasionó en Fukushima. Muchas
zonas siguen siendo inhabitables y han dejado a las 160.000 personas evacuadas en el limbo,
sin poder volver a casa, pero tampoco sin poder reconstruir sus vidas en otro lugar porque no
tienen el apoyo, ni la indemnización para ello…Se estima que el coste de la catástrofe de
Fukushima alcanzará los 250.000 millones de dólares. Tepco, la empresa responsable de la
planta nuclear, es una de las compañías energéticas más grandes del mundo y sin embargo
tuvo que ser rescatada por el Estado para cumplir con sus responsabilidades. Los
contribuyentes y el Planeta están pagando la cuenta…”.

 

 Viernes 8 de Noviembre (17,30 h y 20,15 h)

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